jueves, 23 de agosto de 2012

Serveto, Sin, Escuaín: pequeños pero no invisibles

Serveto visto desde Sin, con el macizo de Posets al fondo

Como si del programa de Aragón TV se tratase, visitamos tres pequeños pueblos en nuestro fin de semana primaveral por tierras del Alto Sobrarbe.

Nos situamos en la entrada del valle de Chistau, y más concretamente en la llamada Comuna, a la que llegamos por una serpenteante carretera que va ganando notable altura sobre el cauce del río Cinqueta. Serveto es un pequeño pueblo con bonitas vistas hacia el macizo de Cotiella, tranquilo y silencioso. En el agradable paseo que damos no encontramos más que una persona del lugar y el único sonido que nos acompaña es el del río al fondo y unos balidos de oveja procedentes de un establo. En la placeta una placa del 2011 conmemora el quinto centenario del nacimiento del médico aragonés Miguel Servet, lo cual nos hace pensar si nació en Serveto, pero no, nació en Villanueva de Sigena. Muchos de los tejados son de uralita, los menos son de teja naranja y otros son de moderna imitación a la pizarra.




A un kilómetro de distancia se encuentra Sin. Muchas de sus casas llevan el apellido de la familia a quien perteneció desde hace siglos, tienen una gran tradición arquitectónica y en sus puertas hay carteles explicativos. Paseando por sus calles, de pronto el silencio se ve roto por un enorme bullicio proveniente de la plaza. Después de andar por varias calles desembocamos por fin en ella y encontramos a un numeroso grupo de personas, unas treinta, hablando alegremente en corrillos en la puerta del bar. Es evidente que celebran en este fin de semana su fiesta mayor.



Al descender hacia el valle con el objeto de pernoctar en Plan, nos encontramos con estos amigos al borde de la misma carretera:
 


Como traca final de nuestro fin de semana, tras abandonar Chistau en dirección a Aínsa nos desviamos en Escalona con la intención de visitar una curiosa población, Escuaín. Digo curiosa por su emplazamiento, alejado de núcleos habitados, al norte del Castillo Mayor, que le hace sombra.Y también porque es una de las cuatro puertas de acceso al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, y como tal mantiene abierto un pequeño centro de interpretación dedicado a las rapaces y es punto de información, pero esta puerta de acceso es la más desconocida del parque por lo que es fácil imaginar que no tendrá muchos visitantes. Es el único edificio abierto que nos encontramos. Hay un par de casas que se han rehabilitado y suponemos que serán morada de fin de semana, pero entre semana no habrá más habitantes que los numerosos gatos que se asientan sobre los muretes y piedras que se han venido abajo procedentes de edificios que no han resistido el paso del tiempo. Merece la pena acercarnos hasta el río, ya que los conjuntos que forman los muretes y la abundante vegetación son de lo más bucólico.
Lo que más nos sorprende es que normalmente todos los pueblos buscan laderas expuestas al sol para resistir mejor los rigores invernales, pero Escuaín está situado en una zona que en invierno es una umbría. Probablemente sus habitantes acabaron por perder la batalla climatológica y salieron buscando una vida menos dura.



Nos despedimos del Sobrarbe, siempre encantador, con este par de instantáneas:
Macizo de Cotiella. Debajo Puntón de las Brujas, en Tella

Peña Montañesa

FECHA DE LA ACTIVIDAD: 12 y 13 de mayo de 2012

sábado, 18 de agosto de 2012

Alcañiz, mucho más que Motorland

Plaza de España. Torre de la iglesia de Escolapios, Ayuntamiento y Lonja

Saboreando todavía nuestra visita a Calaceite, llegamos a Alcañiz y aparcamos junto al Parador Nacional, antiguo Castillo de Alcañiz. Está en lo alto y tiene una magnífica vista aérea de la ciudad. Parte del Castillo, que fue residencia de los señores de la Orden de Calatrava, se puede visitar independientemente de la zona que ocupa el Parador Nacional.

El río Guadalope y las calles de Alcañiz vistas desde el Castillo

Una vez visitado, descendemos el cerro dando un agradable paseo hacia la iglesia de Santa María la Mayor.
Santa María la Mayor y torre de Escolapios, desde el cerro de Pui Pinos

Antes nos detenemos en la plaza de España, centro neurálgico de Alcañiz, en el que destaca el espectacular conjunto formado por el ayuntamiento y la lonja. El ayuntamiento es un solemne edificio renacentista, cuya fachada está rematada por la típica galería de arcos. A su derecha se encuentra la imponente lonja gótica, que destaca por los tres grandes arcos que dan acceso a un amplio porche. Su fachada también culmina con una galería de arcos renacentistas. Observamos un escudo en el que un ángel que sujeta una caña que da origen al nombre de la localidad.
Detalle de la fachada del ayuntamiento

Galería de arcos renacentistas en la lonja

Precioso conjunto el que forman ayuntamiento y lonja
 
La iglesia de Santa María la Mayor, ex colegiata, es imponente en su aspecto y presencia, basta con decir que es la más grande de la provincia de Teruel. Es del siglo XVIII, barroca con similitudes a la basílica del Pilar y conserva una torre gótica. Entramos y la verdad es que sorprende por sus dimensiones. Alguien está tocando el órgano y es una delicia escucharlo.

Portada de la ex colegiata y detalle de su torre gótica

Salimos de la ex colegiata y caminamos un poco por los alrededores. Descubrimos el palacio renacentista de Ardid. A su lado, el de Mainar, otro bello palacete.
 
 Palacios de Mainar y Ardid

Paseamos por el paseo paralelo al río Guadalope, junto al que encontramos un conjunto de torreones medievales, y ascendemos por las empinadas cuestas hasta el Parador para emprender el regreso a Zaragoza.









FECHA DE LA ACTIVIDAD: 21 de abril de 2012

miércoles, 25 de julio de 2012

Veruela, cuando la sencillez se hace belleza


Una de las naves laterales de la iglesia de Santa María de Veruela


 Juegos de luces en las gárgolas del claustro y una de las dependencias

Presente todavía el buen sabor de boca de nuestra visita a Tarazona, aparcamos en Veruela junto al crucero (la Cruz Negra) en el que esperaba la llegada del periódico Gustavo Adolfo Bécquer, a la par que buscaba -y encontraba- la inspiración. Atravesamos la torre del homenaje y paseamos bajo el romántico túnel vegetal que conduce al monasterio cisterciense de Santa María de Veruela.

Al fondo del andador nos encontramos con una bella portada románica en arquivoltas de medio punto, que debería dar acceso a la iglesia, pero que está cerrada. Entramos por una puerta de estilo renacentista, y enseguida nos recibe el claustro, cuadrangular y de dos plantas, gótica la inferior y renacentista la superior. La mirada se nos va hacia las bóvedas de crucería, los arcos apuntados y las sorprendentes figuras esculpidas en las ménsulas.

Desde el mismo claustro podemos acceder a las diferentes estancias, algunas sumamente sencillas como el locutorio, donde el abad encomendaba las tareas del día a los monjes, y otras deslumbrantes como la sala capitular, donde se encuentran los sepulcros policromados de sendos abades. No sé si son las elegantes columnas que pueblan la sala, las ventanas románicas en arco de medio punto o la iluminación de la estancia, pero el ambiente que se crea es de lo más mágico de todo el monasterio.

Mágica luz en la Sala Capitular

Tras visitar otras dependencias, como el refectorio o el scriptorium, queremos ver una completa perspectiva del claustro y nos internamos en la parte central. Es llamativa la inclinación del templete hexagonal que hacía las veces de lavatorio, nos fijamos en el profundo abocinamiento de los arcos apuntados. Se nos va la mirada hacia las típicamente góticas gárgolas y hacia los relieves que sobresalen de la arquería superior y que nos recuerdan a los de la portada del consistorio turiasonense, vistos unos minutos antes.
 

 
Aunque no nos cansamos de dar vueltas al claustro en un vano intento de retener todos los detalles posibles, pasamos a la iglesia. Se trata de un templo con planta en forma de cruz latina con tres naves, deambulatorio y cinco pequeños absidiolos, a medio camino entre el románico tardío y un gótico incipiente. Es aquí donde se plasma el espíritu de los monasterios cistercienses: máxima austeridad y ausencia de ornamentos. Además la media tarde, en conjunción con la tenue iluminación de la iglesia, nos regala un delicioso juego de luces y sombras.
 


Sólo la llegada de mentalidades propias de épocas ulteriores deparan mayores alegrías decorativas, como en la portada de la sacristía en la que destacan unos llamativos angelotes, y un renacentista sepulcro en alabastro.
Un último paseo nos refuerza la idea de sencillez que transmite todo, y que tanto valoramos.
Dedicamos los últimos minutos del día al Museo del Vino de la denominación de origen Campo de Borja, pero el día empieza a pasar factura y la profusión de conceptos aconseja una visita más descansada, quizás en otra ocasión.

FECHA DE LA ACTIVIDAD: 15 de julio de 2012

sábado, 21 de julio de 2012

Tarazona reestrena Catedral

Cimborrio y torre de la Catedral, construida extramuros de la antigua Tarazona

Nos hacía ilusión visitar la Catedral de Santa María de la Huerta de Tarazona, cuyo interior no habíamos podido ver nunca por haber estado casi 30 años cerrado por rehabilitación, y del que nos habían hablado muy bien visitantes más impacientes que nosotros. Y hasta allí que nos fuimos con la idea de pasear además por las empinadas calles de la Judería, de admirar la soberbia fachada consistorial y de rematar la jornada en el Monasterio de Veruela.
La Concepción y la Magdalena sobre el río Queiles
Llegamos pronto pero hasta las 11:00 no abre el recinto de la catedral, lo que aprovechamos para fotografiar la preciosa vista de la ciudad intramuros desde los puentes del Queiles. Nos llaman la atención las torres mudéjares y la fachada del Palacio Episcopal, que saca el máximo partido al desnivel del terreno.
Palacio Episcopal

Lo primero que vemos de la catedral es su claustro, de factura mudéjar, cuyas ventanas están revestidas de celosías de yeso de lo más variopinto, no hay dos celosías iguales. No hemos visto nunca un claustro de este tipo. La guía comenta que dentro de un tiempo se retirarán las cristaleras que protegen las ventanas.
Celosías del claustro, no hay dos ventanas iguales

Accedemos al templo, que fusiona a la perfección los estilos gótico y mudéjar, destacando sobremanera el cimborrio, auténtica joya de la arquitectura mudéjar aragonesa, cúpula sobre trompas que permiten pasar de planta cuadrada a octogonal, y que alberga sobre las mismas pinturas murales y hornacinas con personajes esculpidos en su interior. Observamos la estructura arquitectónica, planta de cruz latina con girola y tres naves cubiertas por bóvedas de crucería, con un triforio de arcos apuntados que recorre el crucero y la cabecera. Nos detenemos en el bestiario que decora una de las bóvedas de la girola y nos encanta el púlpito cubierto por un tornavoz de madera. Hay abiertas algunas capillas en el deambulatorio, pero la mayoría de las que se abren desde las naves laterales están pendientes de restauración. También está en plena rehabilitación el pórtico de acceso a la catedral. Antes de abandonar el edificio, nos llama la atención una ventana sobre el transepto, en alabastro policromado.
Respetamos la prohibición de tomar fotografías en el interior del templo, aunque confieso que nos dejaríamos llevar en más de una ocasión.


Fotografiamos eso sí el exterior, centrándonos en el cimborrio y la torre, también mudéjar, cuya factura original comprende hasta las ventanas en las que se divisan las campanas. El cuerpo superior es de época posterior, y si prescindiéramos de él, estaríamos viendo un minarete.
Nos sorprende a estas horas no sentir la presencia de las numerosas cigüeñas que sí vimos a primera hora de la mañana, quizás hayan adelantado la hora de la siesta.
Tras reponer fuerzas en El Galeón, pasamos junto a la antigua plaza de toros, en la que no hay gradas sino viviendas perfectamente integradas en el ruedo.

Antigua plaza de toros, fue coso taurino entre 1792 y 1870

Cruzamos el Queiles y nos damos un amplio paseo por las empinadas calles del casco histórico y nos dejamos el cuello alzando nuestra vista ante la fachada del palacio episcopal y las torres mudéjares de la Magdalena y la Concepción.



 
Tras descender por las calles de la Judería, nos topamos con la fachada renacentista del Ayuntamiento. Admirándola, llegamos a la conclusión de que estamos ante el más bello consistorio aragonés... probablemente. No damos abasto entre las figuras mitológicas, los escudos, la galería de arcos del piso superior rematados por cabezas en relieve, y el "kilométrico" friso que representa con todo detalle la coronación de Carlos I como emperador en Bolonia.

La Casa Consistorial es del siglo XVI

Escudos de Aragón y Carlos I. Representaciones de la Justicia y la Prudencia

Detalle del friso de la coronación de Carlos I y espectaculares relieves esculpidos sobre la galería de arcos
  
Nos marchamos satisfechos de la capital del Somontano del Moncayo, pero la fiesta continúa: próxima parada Veruela.

FECHA DE LA ACTIVIDAD: 15 de julio de 2012